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Carpinteros de ribera

Escrito por Vibora. Publicado en Locales

Crónicas de Isla Mujeres

Carpinteros de ribera

El último Maestro

Artesanos de la madera

Ya muy pocos los recordamos. Permanecen ahí, olvidados... al igual que su oficio que hizo posible las comunicaciones por nuestros litorales durante más de cien años.

Me refiero a los Carpinteros de Ribera, desplazados hoy por las fibras de vidrio o sintéticas, y por las grandes empresas ensambladoras de todo tipo de barcos en serie.

Ayer no podíamos concebir nuestra existencia sin las obras de arte que surgían de sus manos, cada una de ellas diferente, inimitable, única, y a más de bella funcional y duradera. Al igual que esos artesanos, sus barcos van desapareciendo poco a poco, van dejando de arribar a nuestros muelles. Son tan escasos ya, que apenas pueden contarse con los dedos de una mano; al menos en el caso de Isla Mujeres.

Y cada día que pasa, vamos borrando inconscientemente de nuestra memoria los tiempos en que dependíamos de las habilidades de aquellos maestros para contar con medios de transporte que nos abastecieran de lo más indispensable, cuando sólo existían los amplios caminos del mar, trazados a corriente y a contracorriente, donde veleros zigzagueantes se desplazaban grácilmente sobre el ondulante Caribe Mexicano.

Cuántas canciones del mar se escribieron en aquellas lentas travesías entre Payo Obispo y Chicxulub. Cuántos hijos de aquel Quintana Roo nacieron bajo las cubiertas de aquellos incansables barcos, de cuyos quejumbrosos maderos parecía surgir música de fondo para los cantos de amor, de alegría y tristeza, que tantos capitanes y patrones de costa entonaron durante esos años, durante ese pasado reciente de nuestro terruño.

De esta parte de la historia de aquel Quintana Roo bronco y salvaje no debemos olvidar a barcos y a marinos a los que debemos honrar antes de que rindan tributo a la tierra, ellos que siempre se lo brindaron al mar.

Del solar insular

De Isla Mujeres podríamos citar a muchos que dedicaron su vida a trabajar la madera hasta hacerla flotar y viajar sobre las olas. Los primeros que aparecen registrados datan de finales del siglo XIX. Eran de Tuxpan, Veracruz y se hicieron isleños caribeños. Se apellidaban Becerra, y el mayor de ellos, Heliodoro, llegó con otros de sus hermanos a enseñarnos la técnica de trabajar el chicle, esa resina masticable que puso de moda en Estados Unidos aquel polifacético general y político Antonio López de Santa Anna cuando fue prisionero de Mr. Adams, en 1836.

Los Becerra eran además muy buenos Carpinteros de Ribera, y como lo que sobraba era buena madera, y lo que faltaba era en qué transportar las riquezas forestales y marinas de la costa oriental, empezaron ellos por reparar barcos en el islote Chacmuchuch, donde fabricaron nuevos y enseñaron a los isleños de entonces cómo hacerlos.

Juan de la Rosa Burgos fue alumno aventajado de ellos. De la Rosa Burgos heredó el oficio a su hijo Rafael Burgos Ávila, quien a su vez dejó la tradición en manos de su hijo Álvaro Burgos Sabido, más conocido -y por ende recordado- como “Maestro Alva”, y este a su vez enseñó el oficio a nuestro dilecto amigo Mario Burgos Sánchez, quien es el último Carpintero de Ribera que podremos entrevistar.

Otros apellidos famosos en tan rudo oficio fueron los de Martínez, Magaña, Celis, Delgado, Pastrana, Ávalos, Osorio, Ávila, Sánchez, Trejo, Figueroa, Polanco, Galué, Rodríguez y Velázquez, todos nativos de esta  bella Isla Mujeres, donde encontraron trabajo también notables Carpinteros de Ribera “fuereños”, como el Maestro Gabourel de Chetumal, o el Maestro Santana de Holbox, por citar a algunos.

De cómo fabricaban barcos con sus manos

Dice Mario Burgos, que para construir una buena embarcación lo primordial es contar con buena madera, y tener a disposición la herramienta adecuada. En su humildad, Burgos Sánchez olvida citar que lo principal es saber cómo se fabrica un barco con las manos.

Haciendo un rápido bosquejo me comenta:

“Primero hay que alinear y nivelar sobre la tierra unos troncos para soportar la estructura de la embarcación que deseamos construir. Luego buscamos el largo madero que servirá de Quilla. Debe ser de una pieza, y de maderas como brasilete, caracolillo o jabín, pues son más resistentes a la polilla o al comején. Luego de labrar la Quilla, se procede a elaborar la Curva Delantera, llamada también Roda, prolongándola lo más posible para que haya excedente cuando se haga la Cubierta. El siguiente paso es construir el Codaste de Popa, que es la base o soporte de la parte trasera del barco, llamado también Espejo de Popa. Enseguida se añade el llamado Macizo de Popa, que se afirma a la Quilla muy fuertemente, agregando enseguida la base que soportará el Timón. Terminada esta sección del barco se procede a construir el Arrufe o arrufo, que es el que define la forma de la embarcación por arriba, o sea, la altura de la cubierta.”

Continúa Mario Burgos Sánchez:

“Lo que sigue es instalar las Curvas Madres, que en número de tres son distribuidas en cada costado del barco, separándolas a distancia igual entre sí. Esas Curvas Madres son las que soportarán las Fasquillas (tiras o tablas de madera con las que se forra un barco). Ya aseguradas las Fasquillas, se colocan por dentro las llamadas Curvas Muertas, con las cuales se les da a un barco la forma definitiva en cuanto al casco. Tanto la Roda o Proa, como las curvas, se aseguran a la Quilla con otros maderos curvos llamados Planeros. A la madera se le da la forma deseada remojándola en agua hirviendo hasta hacerla flexible.”

Y concluye el entrevistado:

“Sujetos a las Fasquillas van también los Trancaniles, mismos que terminan a la altura de la Borda, la cual soportarán. Luego instalamos la Cubierta, dejando los orificios para Mástiles y Escotillas. El Mástil principal quedará a una tercera parte de la obra, vista esta desde la Proa y se construirá de maderas livianas como cedro, sococán o pino, que además crecen erectos y a buenas alturas. Es importante hacer notar, que las maderas pesadas deben quedar en la parte de abajo y las livianas arriba para dar buena estabilidad a la embarcación.

Terminada la Cubierta se fabrican las Escotillas, una adelante para meter carga y otra atrás, llamada Caramanchel, para protegerse de la lluvia, o si es motovelero, para revisar las maquinas. El timón debe ser de madera pesada para que no tienda a flotar.”

A grandes rasgos, este es el proceso para construir un barco tradicional, sea cayuco, bongo, canoa o bergantín. Tratemos también un poco sobre la herramienta.

Un buen Carpintero de Ribera porta en su caja de herramientas lo siguiente: serrucho, azuela, martillo, cepillo, hacha, formón, metro de madera, escuadras normales, escuadras falsas, estantillón, compás, barrenas salomónicas y de ojo. Con ellas desbastará, cortará, alineará, fijará y asegurará las maderas de un barco, dándole con las mismas el acabado final antes de pintarlo y botarlo al agua.

Parece fácil. Más basta ver las endurecidas y encallecidas manos de un hombre como Mario Burgos Sánchez, para convencerse de que las majaduras de las tablas y las astillas de las mismas no hacen precisamente caricias. Mucho menos lo es el sol abrasador bajo el que trabajan, porque la madera debe estar bien seca en lo general.

Luego de sesenta años de labor, Mario Burgos no parece rendirse ante la realidad de los barcos modernos. Él conserva dos verdaderas reliquias de madera, el “Alvarito” y el “Don Mario”, a los cuales vive dando mantenimiento para que sigan flotando, amarrados a su muelle del Varadero de Burgos, de donde ni “Wilma” pudo separarlos. En su mente bullen recuerdos de cuando con su padre construyó barcos como la “Sirena del Mar”, la “Carmelina”, el “Maley”, el “Francisco Sarabia, la “Rubí”, el “Manuel Fernando”, el “Cisne”, la “Novia del Mar”, la “Sultana del Mar”, la “Dama Elegante”, así como la reconstrucción del legendario “Carmita”.

Me despide citando y honrando nombres muy respetables como los de Luis Polanco, José del Carmen Galué, José “Chetín” Figueroa y Manuel Osorio. “Ellos fueron también buenos Carpinteros de Ribera, pero ya se me adelantaron”-parece lamentar.

La Sultana del Mar

Dejo para próxima entrega cumplirle al poeta Rafael Burgos Ríos una breve biografía al menos de la Sultana del Mar, legendaria embarcación que hace apenas unos años dejó de prestar servicio de pasajeros entre Isla Mujeres y Puerto Juárez.

En ello su padre Mario Burgos Sánchez me ayudará sin lugar a dudas. Así que pronto seguiremos con estas historias de hombres y de mar que son la esencia de este pueblo de pescadores “trazado a cordel”.

Colaboración de: Fidel Villanueva Madrid.

Cronista Vitalicio de Isla Mujeres

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Julio de 2016.-

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