Literatura masculina

Literatura masculina

Jorge Volpi | Reforma - 13 enero 2018

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La novela nos invita a imaginar cómo sería una sociedad donde las mujeres tuviesen una fuerza muy superior a la de los hombres.

Cuando Naomi, una escritora de éxito, recibe el manuscrito de Neil, con quien mantuvo una relación sentimental en el pasado y a quien aún considera una suerte de amigo, no deja de sorprenderse ante las libertades que éste se toma en su pretendida “novela histórica”. Lo que más le sorprende a ella es la idea de que en el pasado remoto –en una época anterior al Gran Cataclismo– algunas civilizaciones fuesen patriarcales y que en ellas la mayor parte de los guerreros fuesen varones. ¡Qué idea tan absurda!, le dice Naomi a su antiguo amante. ¡Y qué sexy!

Todo comenzó cinco mil años atrás –especula Neil–, durante el llamado Día de las Chicas. De pronto la televisión y la Red empezaron a reportar casos similares en medio mundo, en Estados Unidos y en Europa, en Arabia Saudita y en la India: niñas de entre 12 y 15 años que, al llegar a la pubertad, desarrollaban un nuevo órgano que les permitía generar descargas eléctricas, más o menos como las anguilas. Al principio, los médicos –en su mayoría hombres– y los políticos –casi todos hombres– apuntaron a una enfermedad o anomalía y se dieron a la tarea de curarla, hasta que se hizo evidente que la supuesta patología afectaba a todas las mujeres del orbe, puesto que las adolescentes podían trasmitirles el nuevo poder a sus madres, abuelas y amigas.

¿Cómo sería una sociedad en donde las mujeres tuviesen una fuerza física muy superior a la de los hombres? Esta es la premisa de la cual parte la novelista –y diseñadora de videojuegos– Naomi Alderman, elegida por la revista Granta en 2013 como una de las mejores escritoras británicas jóvenes, a la hora de escribir El poder (que sin razón alguna se publicó en español como The Power), que muy pronto se convertirá en serie de televisión. Apenas extraña que Alderman haya sido elegida como pupila por Margaret Atwood, la cual este año se volvió aún más popular gracias a la adaptación de otra historia de corte feminista, El cuento de la criada.

¿Es irrevocable el anatema de Lord Acton según el cual el poder siempre corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente? ¿En una sociedad de mujeres poderosas éstas someterían a los hombres de manera similar a como los hombres las han sometido en la nuestra? ¿O hay algo en el interior de las mujeres que las haría comportarse de otro modo? En estos días en que se discuten como nunca las formas de enfrentar el machismo que reina entre nosotros –de #Yotambién a su crítica francesa–, estas preguntas no podrían resultar más pertinentes. Y nos llevan a otras más drásticas: ¿qué significa, hoy, ser hombre? ¿Y qué significa ser mujer?

Para poner en marcha su experimento mental, Alderman deja que Neil Adam Armon –su anagrama– narre las vidas entrecruzadas de cuatro personajes: Allie, quien ha sufrido el continuo abuso de sus padres adoptivos y, con el nombre de Madre Eva, funda una nueva religión dedicada a adorar a la Diosa; Roxy, la hija de un narcotraficante inglés, su némesis e incómoda aliada; Margot, una alcaldesa en un pueblo de Nueva Inglaterra que aprovecha la transferencia de poder para enriquecerse, ascender y armar un ejército privado de mujeres; y Tunde, un joven y guapo nigeriano que, convertido en reportero indie, recorre el mundo para dar cuenta de los incontables conflictos surgidos con este súbito empoderamiento de las mujeres que provoca tanto la caída de los regímenes machistas de Arabia Saudita y la India o la creación de una República de las mujeres, en Bessapara, en el sur de Moldova –copia inversa de Arabia Saudita, donde los hombres pierden todos sus derechos–, como la aparición de colectivos masculinos que luchan contra la discriminación o de grupos terroristas que reivindican la masculinidad aplastada por las mujeres.

Al final –advierto el spoiler, aunque no me parece muy grave–, Naomi alaba con cierta condescendencia la imaginación literaria de Neil, pero le advierte que su libro podría quedar demasiado enmarcado dentro de la llamada “literatura masculina” y, en un último guiño de Alderman al lector, le sugiere firmarlo con un seudónimo femenino.

@jvolpi   http://refor.ma/GQ-cbHhG

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