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La atractiva madurez

Publicado en Viborianus

Viborianus

Victoriano Robles Cruz

 

La atractiva madurez

madurez

Vamos intentar, con la dispersidad de nuestras ideas, teclear la columnilla entonando sobre la edad, sus miedos, su fuerza, su debilidad; sus yerros, su rectificación; el desinterés para unos los sueños de otros. ¿Qué importancia damos a la edad en nuestro entorno, en nuestra sociedad? ¿Qué tan prudente es el individuo con sus variaciones cronológicas? ¿De poder encapsularla, cuál pudiera ser la mejor etapa para las decisiones sociales? ¡Quizá muy diferente en el comparativo con los infantes!

Nos inspira esta columnilla, un resuelto poema de José Saramago, va también nuestro atrevimiento para su utilidad y compartirlo con todos; a pesar de los insensatos usos de las redes sociales, donde realizamos una revisión para su comprobar su originalidad. Fue envió de un testarudo lector. El (rae) o los diccionarios definen la madurez como: “el juicio prudente o sensato; y la edad de un individuo que disfruta plenamente de sus capacidades y que todavía no alcanzó la ancianidad”.

Por lo regular, cuando hablamos de la madurez del tipo emocional nos referimos al o los hecho (s), de que una determinada persona, en cuestión, cuenta con un pensamiento y una conducta, tanto sobre sí misma como sobre el resto del entorno, que indiscutiblemente la alejan de cualquier tipo de actitud que se pueda definir como infantil.

Quizá las principales muestras de que una persona es madura, son: que acepta las críticas y las analiza y estudia para mejorar, que sabe controlar sus ataques de “mal genio”, que siempre acepta las consecuencias de sus actos sin ampararse o justificarse en excusas, establece que nada es blanco o negro pues siempre hay un término medio o que ha superado la fase de envidia y celos por los demás. Que no busque solamente los defectos de los demás, todos tienen virtudes. Escuchar de forma reflexiva y tolerante a los demás a pesar de las diferencias. Implementa el diálogo para desvanecer y armonizar las posibles dificultades. Ser consciente de que no todas las cosas las tiene bajo control, ni el remedio para cada una de ellas. Pero veamos:

Frecuentemente me preguntan qué cuántos años tengo...

¡Qué importa eso!

Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.

Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello.

Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven... no lo lograrás.

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.

Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas...

Valen mucho más que eso.

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!

Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.

PD.- “La madurez del hombre es haberse reencontrado, de grande, con la seriedad que de niño tenía al jugar”. Friedrich Wilhelm Nietzsche (1884-1900). Filósofo, poeta, músico y filólogo alemán.

PD.- “Es una ironía deprimente, que quienes desean el poder, sean los más calificados para obtenerlo y los menos calificados para ejercerlo”. De la película, Exodus- gods and Kings (2014)

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