lun. Sep 26th, 2022

Viborianus

Victoriano Robles Cruz

Para un buen amigo…

Desconocemos de quién pudo ser la idea, se la recuerdo a mi padre, nos decía: “si entre hermanos y amigos no hay pleitos ni son hermanos ni son amigos”. El concepto de pleito en su mejor expresión filosófica… la de las clásicas disputas entre dos personajes con ideas análogas, pero en jaleo por la defensa de ellas.

Esa contienda de ideas sucedía con el buen Raúl Labastida. Un tipo diferente, capaz, con talante, de lecturas, orgulloso como pocos de su familia, las presumía en nuestras pláticas; del buen comer y beber; también le gustaba la cocina, y lo hacía bien; agradable para muchos, para otros no; pero siempre con la perspicacia… con el humor te desbarataba.

Personaje de muchos sueños, ideales. Murió sin cumplirlos, quedó a deber consigo mismo. Sus visiones las pudo hacer realidad, le faltó tiempo. El tiempo…ese suspiro en nuestras manos que podemos convertirlo en nuestro legado. Walt Whitman, poeta, enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista estadounidense decía: “La vida no está en otro lugar sino en este lugar, no en otra hora, sino en esta hora”.

Su muerte enclaustra varios enigmas, ¿quizá cuando nos volvamos a ver pueda decirnos por qué pasó esta circunstancia? ¿Por qué se convirtió en otra víctima de la terrible violencia permitida en el gobierno del cambio? La persecución de Carlos Joaquín hacia él fue intolerante como para muchos otros. No nos atrevemos a responsabilizar a alguien por esta enigmática muerte. ¡Las dudas persisten!

Ahora que tecleamos, la tarde del sábado, retornamos del acompañamiento a las familias de Raúl, en el velorio y en la misa de gracias; allí encontramos a los amigos comunes, muchos… incontables y otros desconocidos.

Sí, algo cansadito pues despertamos desde las 02.00 horas de éste sábado. Y a esa hora, en plática con una de mis hijas, quien lo conocía bastante bien, me ordenó… “tú escribe de él, pero con el corazón…era tu amigo pa”. Y concluyó… “mi corazoncito esta apachurrado por esta noticia”.

Compartíamos muchas cosas, desde las preferencias culinarias, la bohemia, las lecturas, nos regaló algunos libros de actualidad. Compartimos textos políticos, también apreciaba los nuestros. Las coincidencias eran mejor que los desacuerdos. Éramos puntuales, no rehuimos a la verdad…siempre con racionalidad.

Siempre hemos agradecido las consultas, esa era otra utilidad de nuestra relación de amistad. Valoraba nuestras ideas como nosotros las suyas. Muchas veces acudía a sus principios de valores religiosos para ejemplificar mejor sus analogías. No solamente en el ámbito político sino también para una mejor armonía en la vida.

Después del incidente. Los amigos comunes nos mantenían informados, a veces a diario, luego del robo con el que salió baleado en la cabeza. Los informes cotidianos siempre alentadores, sus avances eran sorprendentes hasta para su neurólogo, sus pronósticos eran halagadores; se supone sería dado de alta el pasado jueves o viernes; sin embargo, una infección intrahospitalaria lo derrotó.

Renglón aparte merece su gran amigo de Tulum, el empresario Jorge Portilla, con quien laboraba, su generosidad para cubrir sus atenciones fue de reconocimiento público. Al igual debemos distinguir lo espléndido del alcalde Marciano Dzul Caamal, quien también se volcó con los apoyos para el amigo defenestrado. ¡Tener amigos así es bonito e insuperable!

Su distinguida esposa me dobló hoy, por la madrugada cuando asistí, quizá 04:45 am. Me escapé de mis rutinas diarias y fui un momento. A expresarles mi solidaridad por tan sensible pérdida… mientras fundimos el abrazo… me comentó al oído: “Te amaba”. La voz se quebró, el tono cambió, los ojos parpadearon a otra velocidad…casi lagrimo.

Todos…sus hijos y esposa con una gran tranquilidad…ejemplar. ¡Una gran entereza!

Cierto, nos apreciamos de manera distinta, quizá como pocas amistades. Reñimos, pero siempre una parte abandonaba, esperaba la tranquilidad y sabiduría para el retorno, el reencuentro. Decía: nos pelearemos, pero tú y yo somos amigos y todo lo demás está por debajo de la amistad.

Ya volveremos a reñir mi buen Raúl… ¡nos veremos pronto!

PD.- “Cuando un amigo se va//Queda un tizón encendido//Que no se puede apagar//Ni con las aguas de un río//Cuando un amigo se va//Una estrella se ha perdido//La que ilumina el lugar//Donde hay un niño dormido”.

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